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Reflexiones sobre el teletrabajo y nuestro último offsite de empresa
Parece que no pasa una semana sin que aparezca algún titular sobre una u otra empresa que intenta obligar a sus empleados a volver a la oficina. Muchas están aprendiendo por las malas que, para parte del mejor talento, no hay vuelta atrás.
Me incorporé a Urbantz en pleno auge de la pandemia. Como Chief Human Resources Officer, compruebo a diario que un equipo en remoto puede ser igual de productivo trabajando desde casa, o incluso más.
Cuando llegó la COVID éramos una startup ágil y ligera, así que las mentalidades y los procesos heredados todavía no se habían instalado. Urbantz ya tenía un carácter internacional desde el primer día, pero supimos aprovechar y adoptar el teletrabajo durante los sucesivos confinamientos y en un periodo de enorme crecimiento: duplicamos nuestro tamaño y lo volvimos a duplicar en años consecutivos, como debe hacer cualquier scaleup que se precie.
Estamos orgullosos de la diversidad de nuestro equipo y creo firmemente que es clave para nuestro éxito continuado. También creo que posicionarnos como una empresa remote-first nos ha ayudado a contratar y retener a parte del mejor talento disponible en los últimos 18-24 meses.
Pero los seres humanos somos sociales por naturaleza. Y creo con la misma firmeza que la base de una buena política de teletrabajo es garantizar que los compañeros puedan verse en persona unas cuantas veces al año para crear nuevas relaciones y reforzar las que ya existen.
Por eso era tan importante para todo el equipo directivo de Urbantz organizar a principios de este verano un offsite de tres días en las afueras de la soleada Malmedy, en Bélgica.
El caos de los viajes no pudo con la diversión
El año pasado fue el confinamiento lo que convirtió la organización de nuestro offsite en una tarea titánica. Este año fue el caos en los viajes, con los sindicatos de aviones y trenes de varios países europeos aparentemente conspirando contra nosotros con huelgas casualmente coordinadas.
Para algunos, llegar a Malmedy supuso un viaje de más de 10 horas, pero en cuanto nos reunimos en el Daft Boutique Hotel & Glamping, de nombre maravilloso y situado entre las colinas a las afueras de la ciudad, todo empezó a mejorar enseguida.
Cerca de la mitad de los aproximadamente 70 asistentes estaban en su primer año en Urbantz y conocían a sus compañeros en persona por primera vez. ¡Para un par de ellos era su primer día en la empresa! Incluso pudimos invitar a varias personas que iban a empezar su aventura en Urbantz en las semanas posteriores al offsite. ¡Menuda forma de conocer la empresa!
En cuanto al lugar, ¿qué puedo decir? Ojalá pudiera atribuirme el mérito de haberlo encontrado, ¡pero fue cosa de mi mujer! Una unión entre diseño y naturaleza, el Daft Hotel alberga además un famoso estudio de grabación que han utilizado algunos de los grandes nombres de la música contemporánea europea.
La mayoría nos alojamos en los tipis repartidos por el recinto. Reconozco que me preocupaba un poco cómo se recibiría el alojamiento, pero, aparte de necesitar mantas gruesas porque la temperatura bajó más de lo normal para la época de madrugada, ¡a todas las personas con las que hablé parecía encantarles!
Los primeros premios anuales de la empresa Urbantz
Llenamos los tres días de actividades: desde paintball y bicicleta de montaña eléctrica hasta senderismo, yoga y visitas al estudio. Hubo un torneo de Kubb que resultó tan confuso para algunos como cabría esperar para cualquiera que domine las reglas del juego. Un torneo de fútbol improvisado. ¡Y, por supuesto, mucha buena comida, bebida y buena música por las noches!
También celebramos nuestros primeros premios de empresa, en los que reconocimos a algunas de las personas más destacadas de toda la compañía con una serie de premios, unos serios y otros humorísticos, que todos votamos en las semanas previas al evento.
Echando la vista atrás a esos tres días en Malmedy, lo que más destaca es lo mucho que todos disfrutamos charlando y estrechando lazos en persona con la gente que vemos cada día en la pantalla. Esas nuevas conexiones y recuerdos compartidos aportan beneficios reales al trabajo.
En las semanas posteriores he oído varias anécdotas de personas que, tras conocerse en el offsite, han contactado con compañeros a los que de otro modo no habrían conocido para colaborar en proyectos de formas fructíferas e inesperadas. Al fin y al cabo, Urbantz está creciendo hasta el punto de que a cualquiera le resulta difícil conocer a todas las personas que trabajan aquí. Sobre todo porque esas charlas de pasillo a menudo cruzan, literalmente, océanos.
Es increíble lo que la tecnología moderna hace posible en el trabajo. Pero algo que sin duda he notado es que en Zoom hay menos charla informal. Se va directamente al grano. Y a veces hace falta esa charla informal para apreciarse de verdad.
La tecnología es fantástica. Pero igual de inspirador es el poder que puede tener una conexión humana auténtica. Por eso ya estoy trabajando en los planes para nuestro próximo encuentro de empresa. ¡Pero eso lo dejamos para otro día!